Foto portada: @NerdsHistoria
El camino hacia el voto femenino en Colombia tuvo varios antecedentes. En 1932, la Ley 28 reconoció a las mujeres derechos civiles sobre sus bienes y, en 1945, una reforma constitucional les otorgó la ciudadanía, aunque todavía sin permitirles votar.
Para 1954, el movimiento sufragista había ganado fuerza. Colombia estaba bajo el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla, quien había llegado al poder un año antes, tras el golpe de Estado que derrocó a Laureano Gómez. En medio de un país atravesado por la violencia bipartidista y con una Asamblea Nacional Constituyente en funcionamiento, el derecho de las mujeres a elegir y ser elegidas volvió a ocupar un lugar central en la discusión.
Más de 3.000 mujeres firmaron una carta dirigida a la Comisión de Estudios Constitucionales para exigir el reconocimiento de sus derechos políticos. La presión llegó hasta la Asamblea Nacional Constituyente, donde por primera vez, participaron mujeres en funciones dentro de ese órgano.
El 25 de agosto de 1954, la Asamblea Nacional Constituyente aprobó el Acto Legislativo No. 3, mediante el cual se reconocieron a las mujeres colombianas los mismos derechos políticos que tenían los hombres. Con esta decisión, las mujeres fueron incorporadas formalmente al electorado y se les abrió también la posibilidad de ocupar cargos de elección popular. La reforma fue sancionada por Rojas Pinilla pocos días después.
La decisión no fue únicamente una iniciativa del gobierno militar. Durante las primeras décadas del siglo XX, diferentes organizaciones y lideresas comenzaron a cuestionar las restricciones que las mantenían fuera de las urnas. El acceso a la educación, la participación laboral y la aparición de organizaciones femeninas contribuyeron a que el sufragio se convirtiera en un tema cada vez más presente en el debate público.
En ese proceso tuvo un papel destacado Ofelia Uribe de Acosta, periodista y defensora de los derechos de las mujeres. Desde Bucaramanga impulsó espacios de discusión sobre la participación femenina. En 1938 creóLa hora feminista, un programa radial dedicado a asuntos relacionados con los derechos de las mujeres. A mediados de la década de 1940 también promovióAgitación Femenina, una publicación que defendía, entre otras reivindicaciones, el derecho al sufragio.
Uribe de Acosta compartió esta lucha con otras mujeres que participaron en el movimiento sufragista colombiano, entre ellas Esmeralda Arboleda, María Currea y Josefina Valencia. Sus acciones llevaron la discusión sobre el voto femenino a escenarios políticos y sociales en los que durante años había predominado la participación masculina.
El reconocimiento aprobado en 1954 no se tradujo inmediatamente en una jornada electoral. Las mujeres tuvieron que esperar hasta el 1 de diciembre de 1957 para votar por primera vez. Ese día se realizó un plebiscito nacional relacionado con la reforma constitucional que estableció las bases del Frente Nacional, acuerdo mediante el cual los partidos Liberal y Conservador se alternarían el poder presidencial.
Foto: Indalecio Ojanguren – Departamento de Cultura de la Diputación Foral de Gipuzkoa
La jornada electoral marcó un momento inédito en la historia política del país. Cerca de 1,8 millones de mujeres acudieron a las urnas, incorporándose por primera vez de manera efectiva al electorado nacional. La participación femenina modificó la composición del censo electoral y convirtió a las mujeres en un nuevo actor dentro de las elecciones colombianas.
La conquista del voto, sin embargo, no significó que la participación política femenina alcanzara inmediatamente los mismos niveles que la masculina. Durante las décadas siguientes, las mujeres fueron incorporándose de manera progresiva a los partidos, las elecciones y los cargos públicos. En 2011, la Ley 1475 estableció una cuota mínima del 30 % de uno de los géneros para determinadas listas a corporaciones de elección popular.
Los datos de las elecciones territoriales de 2023 permiten observar esa diferencia. De acuerdo con la Misión de Observación Electoral, las mujeres representaron el 39,05 % de las candidaturas inscritas para los diferentes cargos territoriales, pero ocuparon el 24,54 % de los cargos finalmente elegidos. La participación fue menor en los cargos ejecutivos: seis mujeres fueron elegidas gobernadoras, frente a 26 hombres, mientras que en las alcaldías fueron elegidas 146 mujeres y 952 hombres.
Setenta y dos años después de la aprobación del sufragio femenino, el escenario electoral colombiano es muy diferente al de 1954. Las mujeres ya no están excluidas de las urnas y constituyen una parte fundamental del electorado. Para las elecciones de Congreso de 2026, la Registraduría reportó21.236.349 mujeres habilitadas para votar, frente a 20.050.735 hombres.
Las mujeres representan aproximadamente el 53% del censo electoral en Colombia.
La historia del voto femenino colombiano comenzó mucho antes de aquella firma de 1954 y no terminó con la primera papeleta depositada en 1957. Fue un proceso en el que confluyeron organizaciones de mujeres, lideresas, sectores políticos y, finalmente, una Asamblea Constituyente que convirtió en norma una reivindicación que llevaba décadas sobre la mesa.
El voto femenino abrió una puerta que durante décadas permaneció cerrada. Las mujeres la cruzaron en 1957 y desde entonces han vuelto a las urnas en cada elección. Hoy, María Teresa Arizabaleta, de 92 años, es la única de las sufragistas que lideraron aquella lucha que permanece con vida para contarla. Más de siete décadas después, afirma que "las mujeres deben darle una patada en el fondillo y mandarlos al diablo, que les pesen las tetas. Tenemos los mismos derechos y por nada del mundo nos los vamos a dejar quitar”.



