El miércoles 2 de septiembre en Ulibro 2026 se dedicó un espacio para homenajear a Cristian Herrera, periodista de Norte de Santander asesinado el pasado 6 de junio por su labor investigativa, dentro de un conversatorio urgente sobre libertad de prensa. Presentado por AFACOM (Asociación Colombiana de Facultades en y Programas de Comunicación) en el Centro de Convenciones Neomundo y, moderado por los docentes Javier Ferreira y John Jairo Jaimes.
El invitado, John Jairo Jácome es un filósofo, periodista y magíster en Derechos Humanos, quien ejerce de manera independiente un periodismo que va de frente contra el poder de la frontera. Jácome ha sido, entre otros cargos, editor del diario La Opinión y su visión y compromiso con el periodismo lo llevó, por ejemplo, a colaborar con grandes obras del reportaje como Guerras Recicladas, el clásico sobre la oleada paramilitar de finales del siglo XX escrito por María Teresa Ronderos.
El asesinato del periodista Cristian Herrera, ocurrido el pasado 6 de junio en Cúcuta, fue el punto de partida de una conversación sobre libertad de prensa realizada durante Ulibro 2026. El encuentro puso sobre la mesa una realidad que atraviesa el ejercicio periodístico en Norte de Santander: informar puede significar convivir con amenazas, miedo y autocensura.

Foto de la Fundación para la Libertad de Prensa
Durante la charla, el periodista Jhon Jairo Jácome aseguró que el riesgo ha cambiado con la presencia de estructuras criminales relacionadas con distintos poderes locales.
“Ya no es que un gran medio lo censure a usted o una entidad, sino que usted libremente toma la decisión de no decir las cosas porque sabe el riesgo que eso va a llevar para su vida”. Jácome reconoció que esa situación también ha condicionado su propio trabajo: “Yo mismo permanentemente vivo autocensurado”. El periodista recordó que cuenta con un esquema de seguridad desde 2013 y señaló que para muchos comunicadores de Cúcuta y el Catatumbo la protección y las decisiones sobre qué investigar hacen parte de su cotidianidad.
La conversación también abordó un problema menos visible: la salud mental de quienes cubren violencia y conflicto armado.“Uno se termina acostumbrando a ver muertos, pero eso no es sano. El hecho de que yo no llore en una masacre no implica que eso no lo afecte a uno”, afirmó Jácome.
La situación se vuelve especialmente compleja en el Catatumbo, donde periodistas locales trabajan en medio de confrontaciones entre grupos armados y con recursos limitados. Jácome relató que algunos colegas lo llaman buscando orientación frente a amenazas y que muchas veces su primera recomendación es abandonar el territorio. Sin embargo, planteó una pregunta que resume el problema: “¿Sálgase y para dónde?”.
Pero la violencia no fue presentada como la única amenaza contra la libertad de prensa. Durante el encuentro también se habló de la dependencia económica de los medios, la pauta institucional, las demandas judiciales, la cercanía con las fuentes de poder y la precarización laboral como factores que pueden limitar la independencia periodística.
Frente a este panorama, los participantes hicieron un llamado especialmente dirigido a los estudiantes de Comunicación Social: construir una trayectoria propia, fortalecer los medios universitarios y aprovechar las plataformas digitales sin confundir producción de contenido con periodismo. También destacaron el valor de regresar a las historias locales e hiperlocales.“La gente siempre quiere hablar de lo lejos, de lo que no conoce, y deja de contar lo que tiene a la mano, que quizás es la historia más taquillera”, señaló Jácome.
El homenaje a Cristian Herrera terminó así convertido en una discusión que trascendió su asesinato: qué condiciones necesita un periodista para investigar, publicar y ejercer su oficio sin que el miedo, el dinero o el poder terminen decidiendo qué puede contar. Así como la frase recordada "No hay chiva, noticia o primicia que valga la vida".




