La Universidad Pontificia Bolivariana Seccional Bucaramanga inició sus actividades académicas en 1991 con un solo programa, Ingeniería Electrónica. Hoy, 35 años después, amplía su oferta hacia áreas como la inteligencia artificial, la ciencia de datos, la innovación y la formación técnica.
“El reto en un principio era crear nuevos programas, más atractivos e innovadores, para que llamaran la atención. Y así comenzamos a hacernos”, relata Luis Felipe Casas, uno de los hombres que participó en los primeros años de la Universidad.

Hace 35 años, Casas tenía una oficina en el Seminario San Pío X, en Floridablanca, primera sede de la UPB Bucaramanga. Desde allí recuerda una universidad pequeña, en la que casi todos se conocían y compartían una misma intención: hacerla crecer.
La historia había comenzado a tomar forma a finales de la década de 1980, cuando un grupo de profesionales, empresarios, educadores y representantes de la Iglesia Católica impulsó la creación de una sede de la UPB en la ciudad. El 6 de septiembre de 1988, el entonces rector de la Universidad en Medellín, monseñor Darío Múnera Vélez, respondió positivamente a la propuesta. Un mes después, el 11 de octubre, se firmó el acta de intención que formalizó el proyecto.
Bucaramanga se convirtió así en la primera seccional de la Universidad por fuera de Medellín. Años después llegarían Montería y Palmira.
El desafío no era únicamente abrir una universidad, sino hacerla crecer y lograr que fuera académicamente sólida. Para conseguirlo era necesario crear programas que atrajeran estudiantes y que, al mismo tiempo, respondieran a las necesidades de Santander.
Cuando Luis Felipe Casas habla de esos primeros años recuerda, sobre todo, el ambiente que existía entre quienes trabajaban y estudiaban allí.
“Realmente era una familia. El seminario era un ambiente muy agradable, muy verde, muy arborizado; era realmente un campus. Pero allá estábamos limitados”.
Las condiciones estaban lejos de las que tiene hoy la Universidad. Los laboratorios eran limitados y la biblioteca era pequeña. Para quienes llegaban en transporte público también existía otro reto: caminar cerca de dos kilómetros desde la autopista hasta las instalaciones del seminario.
Los estudiantes recorrían ese trayecto a las ocho de la mañana, al mediodía, a las dos de la tarde y, nuevamente, a las seis. Y, como recuerda Casas, lo hacían con gusto.
En 1991 comenzó Ingeniería Electrónica con 73 estudiantes. Era el único programa académico de la naciente seccional. Sin embargo, pocos años después el crecimiento hizo necesario pensar en nuevos programas y, también, en otro lugar.
Casas identifica dos razones que permitieron esa expansión. La primera fue ofrecer carreras que hasta ese momento eran novedosas en la región. Ingeniería Electrónica y Psicología encontraron una respuesta positiva entre los estudiantes y posteriormente se creó Ingeniería Ambiental, siguiendo la misma idea de ofrecer alternativas que aún no estaban disponibles en Santander.
La segunda fue el reconocimiento que la UPB ya tenía en Colombia y que permitió generar confianza alrededor de una institución que apenas comenzaba su historia en Bucaramanga.
“Creo que lo que tuvimos a favor es que la gente que se puso al frente era gente que tenía una sólida trayectoria académica”, agrega Casas.
Un campus propio
En 1994 la Universidad adquirió un terreno de 67.124 metros cuadrados en el kilómetro7 de la vía a Piedecuesta para construir su sede propia. Allí comenzaría a levantarse el campus que se conoce actualmente.
Los primeros edificios dieron espacio al crecimiento de la institución y ese mismo año comenzaron dos nuevos programas: Ingeniería Civil, con 59 estudiantes matriculados, e Ingeniería Industrial, con 77.
Luis Felipe Casas Ramírez, ingeniero civil y quien posteriormente se desempeñó como vicerrector académico de la Universidad Pontificia Bolivariana Seccional Bucaramanga, recuerda ese momento como una etapa decisiva. Lo que inicialmente representaba un riesgo terminó convirtiéndose, para él, en una oportunidad.
“Entonces, lo que fue en ese momento una situación de riesgo se convirtió en una gran oportunidad”.
Contar con un terreno propio permitía pensar la Universidad a otra escala. Había espacio para nuevos edificios, programas y estudiantes. Pero el proceso no estuvo libre de dificultades.
“Porque tuvimos un campus, instalaciones, las que ustedes ven ahí. Comenzamos a hacer crecer la Universidad, pero fue un momento bastante difícil”.
Mientras la infraestructura cambiaba, apareció otro desafío: consolidar académicamente programas que todavía eran jóvenes. Las acreditaciones comenzaron a adquirir importancia en un escenario regional en el que otras instituciones también fortalecían su oferta.
“Es más fácil acreditar programas de alta calidad cuando el programa tiene una gran trayectoria. Los programas nuestros eran todos muy jóvenes”, explica Casas.
Ese reto llevó a la Universidad a fortalecer no solo sus instalaciones, sino también su planta docente, la investigación y los procesos académicos.
“Comenzamos a formar profesores en el exterior, comenzaron a aparecer los primeros grupos de investigación y entonces fue un cambio radical”, recuerda.
La formación de profesores se convirtió en una de las apuestas para acompañar el crecimiento de la institución. A la expansión física se sumaron nuevos procesos académicos y de investigación, mientras la Universidad mantenía como uno de sus principios la formación integral y la articulación del conocimiento profesional con las dimensiones humanas y sociales.
Para 2019, cuando la Seccional cumplió 28 años, la UPB reportaba 14.577 profesionales graduados de programas de pregrado y posgrado y cerca de 5.000 estudiantes en formación.
Casas vivió buena parte de esa transformación desde la Vicerrectoría Académica.
“Solo me acuerdo de todo lo positivo. Además, estuve muchos años, yo estuve casi 17 años de vicerrector en la UPB Bucaramanga. Eso para estar uno en un cargo es mucho, mucho tiempo. Así que en 17 años las transformaciones fueron muchísimas. O sea, pasamos de una universidad que tenía 1.000 estudiantes a una universidad con 6.000 estudiantes”.
Durante esos años vio cómo la institución pasó de tener unas pocas carreras a ampliar su oferta de pregrados, especializaciones y maestrías. También presenció el crecimiento de la investigación y la transformación del campus que había comenzado a construirse en la década de 1990.
Treinta y cinco años después del inicio de sus actividades académicas, la historia de la UPB Bucaramanga continúa ligada a los cambios de la educación superior y a las necesidades del territorio.
Desde aquel primer grupo de 73 estudiantes de Ingeniería Electrónica hasta la actual oferta de programas profesionales, posgrados y formación técnica, la Universidad ha atravesado más de tres décadas de transformaciones. En 2026, esa evolución continúa con nuevas propuestas como Ingeniería en Inteligencia Artificial y Ciencia de Datos y programas técnicos orientados a responder a las nuevas dinámicas laborales y tecnológicas.
“Ese compromiso, ese cariño por la Universidad, suple cualquier deficiencia”, recuerda Casas.
En esa frase resume buena parte de una historia que también ayudó a construir: la de una universidad que comenzó pequeña, con un solo programa y una sede prestada, y que con el trabajo de profesores, estudiantes, directivos y trabajadores fue creciendo hasta convertirse en el campus que existe hoy.
La historia llegará a la pantalla
Parte de esa memoria también llegará a la pantalla a través de Pioneros UPB, un documental que reconstruye los primeros pasos de la Universidad Pontificia Bolivariana Seccional Bucaramanga y recoge las voces de quienes participaron en su nacimiento y consolidación.
Ver esta publicación en Instagram
La producción se realiza desde la asignatura Documental para Televisión del programa de Comunicación Social y Periodismo, bajo la orientación del docente Mario Mantilla.
Su estreno está previsto para noviembre de 2026. El documental será una oportunidad para regresar a aquellos primeros años y conocer, a través de sus protagonistas y de la memoria de la institución, cómo comenzó a escribirse la historia de la UPB en Bucaramanga.




