La frase “el futuro de la Ciencia no puede pertenecerle a unos pocos” es la que abre el primer Informe Mundial del Decenio Internacional de las Ciencias para el Desarrollo Sostenible, publicado por la UNESCO y donde se expone que el reto para agenda 2030 de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS), más allá de falta de conocimiento radica en tres grandes llamados globales: la brecha I+D (Investigación y Desarrollo), la brecha de investigadores y la brecha de infraestructura para el desarrollo.
La conferencia en la que se presentó oficialmente el informe, se realizó entre el 15 y 16 de julio pasado en París, reuniendo gobiernos, investigadores, universidades, organizaciones sin fines de lucro y accionistas con el propósito de evaluar la manera en que se produce, financia y utiliza el conocimiento científico para enfrentar los desafíos globales.
El informe muestra una amplia movilización de la comunidad científica durante los primeros dos años del Decenio, que se extenderá hasta 2033, en los que se recibieron 397 iniciativas provenientes de 79 países, relacionadas con los 17 ODS. Además, se confirmaron cerca de 50 millones de dólares en financiación y se movilizaron aproximadamente 200 millones de dólares en recursos mediante las propuestas respaldadas por el Decenio. Sin embargo, el alcance internacional no significa que la participación sea equitativa entre las distintas regiones.
Brecha de investigación y desarrollo
Uno de los componentes que analiza el informe es la diferencia entre el presupuesto de investigación y lo requerido para competitividad global y es acá donde África subsahariana refleja una de las mayores desigualdades del sistema científico mundial: concentra el 17,5 % de la población mundial, pero se invierte apenas el 0,38 % de su PIB en I+D. Por su parte, América Latina y el Caribe también muestran rezago, con una inversión del 0,57 % del PIB en investigación y desarrollo, muy por debajo del 2,55 % de Europa y Norteamérica y del 2,42 % de Asia oriental y sudoriental.

Fuente: UNESCO. (2026). Science at a turning point.
Según el informe, la brecha es estructural y auto reforzada puesto que una baja inversión produce una infraestructura de investigación débil que conlleva a menos investigaciones que terminan debilitando la habilidad para traer más inversión, y este desbalance limita no solo la producción de conocimiento localmente relevante sino también la habilidad de los países para adaptar avances científicos a sus propios contextos sociales, ambientales y culturales.
Brecha de investigadores
En el informe se muestra que en África hay menos del 1 % de los investigadores, y en 2023 registró solo 88 investigadores por millón de habitantes frente a los 4.358 de Europa y Norteamérica, además de aportar apenas el 0,56 % del gasto global en 2024. Otra cifra que cabe mencionar, pero a manera global, es que las mujeres representan el 1,3% de los investigadores.
Acá esta brecha se fortalece con la “dinámica de fuga de cerebros” puesto que los científicos que completan una formación avanzada optan por posiciones de investigación en instituciones con más recursos en el exterior, con un flujo que se mantiene de manera predominante de Sur a Norte.
Brecha de infraestructura para el desarrollo
A partir del análisis en menos de dos años cuenta con un portafolio de 296 iniciativas de las cuales 209 han sido aprobadas y 187 están bajo revisión, se expanden a través de 79 países en las 5 regiones de la UNESCO. De estas iniciativas el 5,6% corresponde a África y el 7% a América Latina y el Caribe. 
Fuente: UNESCO. (2026). Science at a turning point.
La siguiente tabla traducida del informe muestra la participación en iniciativas a comparación de la población total:

Fuente: UNESCO. (2026). Science at a turning point.
Frente a estas brechas, el informe propone cinco reformas prioritarias: evaluar la investigación no solo por el número de publicaciones, sino también por su impacto en los ODS; ampliar el acceso equitativo a infraestructura científica; establecer mecanismos permanentes de asesoría entre la ciencia y los gobiernos; proteger la libertad y la integridad científica; y orientar tecnologías emergentes como la inteligencia artificial, la neurotecnología y la computación cuántica mediante principios éticos y de sostenibilidad.
Así, el reto para la siguiente etapa del Decenio ya no seráúnicamente movilizar a la comunidad científica, sino conseguir que el conocimiento generado se traduzca en capacidades institucionales, decisiones públicas y resultados medibles para la sociedad.
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