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Comunidad Viva

A un micrófono de distancia: la vocación innata de un radialista

Periodista: Duvan Esteban Herrera Herrera
Correo periodista:
Edición: Zully Andrea Velazco Carrillo
Correo de editor:

 

En un humilde pueblo construido a base del esfuerzo de campesinos, cuyas rugosas manos reflejan su honorable labor, nació en 1995 Guadalupe Stereo, una emisora comprometida con el desarrollo de su comunidad y cuyo objetivo es consolidarse como una de las mejores alternativas de comunicación radial de la provincia comunera, una región santandereana que se caracteriza por su arquitectura tradicional y paisaje montañoso.

Años después, un orgulloso hijo de estas mismas tierras tomó en sus manos las riendas de este proyecto y se convirtió en una de las voces más queridas por la comunidad guadalupeña. Se trata de Jorge Armando Galvis, quien nació en 1990 en un hogar muy humilde de esta pujante región. El amor de familia fue lo más importante en su infancia, lo que hizo que valorara el trabajo de sus padres, quienes se esforzaban para que nunca le faltara nada a él ni a su hermano, Elkin Galvis, cinco años menor que él. La herencia más grande que le dieron sus padres fue el amor por la música. Los integrantes de su familia paterna son músicos de instrumentos de cuerda y su madre es cantante, por lo que empezó a desarrollar un amor por el arte y la cultura, lo que le hizo tener cierta sensibilidad con la representación de Guadalupe y lo que ocurre en el municipio.

A escasos días de cumplir cinco años, cerca de su hogar se estaba llevando a cabo una reunión que, sin saberlo, incidiría directamente en su futuro. El sábado 13 de mayo de 1995, en el salón Parroquial de la Casa Cural de Guadalupe, a las 2:00 p.m., se inició una reunión cuyo objetivo era constituir la Asociación de Comunicación Comunitaria Guadalupe Stereo. Se llamó a lista a cada uno de los presentes, entre los que resaltaban Juan Carlos Fuentes Ortiz, párroco de la época, y Miguel Fontecha, sacristán de la parroquia. Después de evacuar todos los puntos del día, las paredes del espacioso lugar fueron testigos, a las 6:00 p.m., de la conformación oficial de la emisora guadalupeña

Entre los años 1995 y 1997 casi todas las parroquias de Santander tenían su propia emisora debido a que Ernesto Samper, presidente de la República de Colombia en aquellos años entregó varias licitaciones a los municipios para que estos tuvieran su propia radio. Así, pues, Guadalupe Stereo nació de la necesidad de conectarse que tenían las comunidades. En esa época, los celulares no existían en el pueblo y solo había tres o cuatro teléfonos en todo el municipio. Una llamada telefónica debía durar menos de tres minutos y cuando se dañaban los teléfonos del pueblo, los habitantes tenían que desplazarse a la vereda vecina donde se encontraba una caseta de Telecom Colombia, antigua empresa estatal de telecomunicaciones. La radio comunitaria empezó a llenar esos vacíos en comunicación de las comunidades, donde los horarios de la madrugada y la sección de avisos se convirtieron en los más usados por parte de los habitantes.

De esta manera, Guadalupe Stereo se constituía como medio comunitario y su primer locutor fue el mencionado Miguel Fontecha, quien contaba con una mesa, unos cables que iban al transmisor, un micrófono y ningún tipo de experiencia en la radio. En sus primeros años, la emisora se valió del tocadiscos junto con vinilos y casetes prestados para ambientar las jornadas de los guadalupeños.

En el año 2000, la madre de Jorge fue operada, no se podía mover de su hogar y necesitaba hacer una llamada telefónica con urgencia. Ella le pidió a la abuela de Jorge que hiciera la llamada por ella y el pequeño, de 10 años, la acompañó y emprendieron el viaje en carro durante 40 minutos por una carretera destapada. Era el segundo domingo del mes, 14 de mayo, el día de la madre y en la emisora que estaban sintonizando se escucharon muchas dedicatorias a todas las del pueblo con la canción Mantelito Blanco, muy popular por aquel año. Durante todo el viaje, escucharon esa misma canción alrededor de cinco o seis veces. Al terminar dicha melodía, ponían otras dos diferentes y volvía el Mantelito Blanco, al finalizar de nuevo ponían otras dos canciones distintas y volvía el Mantelito Blanco, hasta que su abuela dijo: “Ese mantelito ya tiene que estar negro de tanto que lo han puesto”. Esa fue la primera vez que Jorge fue consciente de la existencia de la emisora comunitaria de la que haría parte en unos años.

Jorge estudió en la Escuela Normal Superior María Auxiliadora, una institución que forma docentes. En el año 2004, cuando tenía 14 años y cursaba noveno grado, conoció una convocatoria de jóvenes relacionada con la participación en una escuela radiofónica para fortalecer la programación de la Guadalupe Stereo, ya que esta estaba pasando por una crisis económica y de programación. Jorge no ingresó en esta convocatoria, no le interesaba en lo absoluto y le parecía “una bobada estar hablándole a un micrófono y no tener en frente a alguien”. Seis meses después de iniciada esta convocatoria, el párroco Daniel Carreño, director de la emisora en ese año, lo llama y le dice que pase por la emisora para hacer un casting. Jorge respondió negativamente, pero ante la insistencia del sacerdote aceptó la propuesta.

En aquel momento, debido a la crisis existente, la emisora de Guadalupe pidió apoyo a La Cometa, una emisora comunitaria de San Gil fundada en 1997, por medio de la Red Cooperativa de Emisoras Comunitarias del Sur de Santander, Resander, entidad gerenciada por Fernando Tibaduiza. Gracias a esto, La Cometa envió locutores para que enseñaran a los jóvenes. Una de las primeras locutoras fue Lilia Espinosa, quien se encargó de hacerle el casting a Jorge.

El 3 de abril de 2004, el día anterior al Domingo de Ramos de aquel año, Jorge arribó a las instalaciones de la emisora. “Lilia me dijo que me sentara ahí, que leyera un aviso y anunciara una canción –cuenta Jorge-. Ese fue mi casting, sin hacer recibido ningún tipo de formación previa”. Al terminar, Lilia quedó sumamente sorprendida con el desempeño natural de Jorge, a pesar de que él lo hubiera hecho de mala gana. “Me dijo: ‘Lo espero el próximo Martes Santo a las cinco de la mañana para que abra emisión conmigo’. Y así empecé a aprender de ese mundo de la radio”.

Así como le pidió Lilia, el 6 de abril de 2004 Jorge se presentó puntual a las 5:00 a.m. Como no tenía formación para poder improvisar al aire, ella le dijo que tomara un cuaderno y escribiera lo que iba a decir. “Arrancar diciendo la hora, saludar a una persona, decir un aviso y anunciar una canción -recuerda Jorge-.” Escribía exactamente lo que iba a decir, llenando una página por cada intervención. Desde ese día, Jorge quedó como voluntario en Guadalupe Stereo y ese año se hizo cargo de la programación de las madrugadas los fines de semana, ya que siempre le ha encantado ese horario por el contacto que tiene con la comunidad rural. A la par, seguía cumpliendo con sus obligaciones académicas y sus compañeros lo empezaron a reconocer por su voz en la emisora. En su momento, ellos lo cuestionaron por querer ser parte del proyecto, eran sus ‘haters’, pero avanzó sin hacerles caso. “Nadie más que uno va a creer en lo que uno hace”.

Así fue como Jorge llegó a Guadalupe Stereo, más por casualidad que por convicción propia. Poco a poco, durante el primer año que participó en la emisora, le fue cogiendo cariño al proyecto. Todos los días fue aprendiendo algo nuevo y se terminó enamorando de la radio. En diciembre de 2004, el párroco Daniel Carreño reúne a los voluntarios y les dice que no tiene locutor para el mes de diciembre, allí ese grupo de jóvenes se distribuyó los turnos y Jorge tomó el de la madrugada. En esa época se empezaba desde las 5:00 a.m. y se cerraba emisión a las 4:00 p.m. debido a que Guadalupe se encuentra en una zona propensa a las tormentas eléctricas, por lo que se apagaba temprano la emisión para cuidar los equipos. En ese mismo diciembre supo que la radio era aquello a lo que se quería dedicar.

 

Entra la docencia, la música y la radio

En la escuela se preparó durante cuatro semestres para ser docente en lo que se conocía en su momento como Ciclo Complementario. Se graduó en 2008 como normalista superior con énfasis en ética y valores, y comenzó su primer recorrido por la docencia, siendo profesor de primaria en el Colegio Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Allí estuvo un año, trabajó intentando mantener un perfil bajo, como lo afirma él, para que no se enteraran que era músico, pero debido a que el director de la banda de la escuela dejaba su cargo, este le encomendó la banda y la rectora se enteró, de manera sorpresiva, de las habilidades musicales de Jorge. Fue así como consiguió dirigir la banda marcial del primer colegio en el que ejercía como docente.

Su estadía en Chiquinquirá estuvo marcada por la nostalgia, sentía que algo le hacía falta y sabía lo que era: la emisora. El 30 de noviembre termina sus obligaciones en la institución educativa y al día siguiente ya estaba devuelta en la sala de emisión de Guadalupe Stereo, trabajando en turnos de apoyo. Seis meses después, a mediados del 2010, se le es entregada la emisora debido a la renuncia del locutor encargado en aquel momento. Esa fue la primera vez que se hizo cargo del proyecto.

Después de hacerse cargo de la emisora, el párroco le informa que están participando en un proyecto que se llamaba Radios Ciudadanas con el Ministerio de Cultura. Al solo haber una persona para producir y programar, él se ofreció para programar, pero, al igual que su casting, después de unas rápidas indicaciones terminó, por casualidad, produciendo Radios Ciudadanas.

En ese momento había una creencia generalizada sobre la fundación de Guadalupe, atribuyéndosela a los hermanos Amorocho Silva y uno de los programas dentro de Radios Ciudadanas consistió en averiguar la historia del municipio. Así, pues, el equipo buscó en bibliotecas y escuelas para verificar este dato, sin éxito. En medio de su búsqueda, conoció a alguien que le informó de un señor que podría ayudarle en la investigación. Visitó a dicho señor y le entusiasmó tanto la idea que le dijo a Jorge: “Voy a hacer algo que nunca he hecho con nadie”. Sacó unos papeles escritos a máquina, un libro de su autoría en formato de cartas que le había escrito a su sobrina contándole la historia de Guadalupe y allí estaba todo. Contrastaron la información con otra bibliografía encontrada en la Universidad Industrial de Santander y dieron con los verdaderos fundadores de Guadalupe.

Gracias a este descubrimiento se rompió el mito de los hermanos Amorocho Silva y se descubrió que fue la familia Camacho Sabidos quienes obtuvieron la constitución parroquial, la cual acreditaría a Guadalupe como municipio con el pasar de los años. Todo gracias al programa de Radios Ciudadanas y la colaboración del señor, quien le dio el valor real al objetivo del programa.

En enero de 2012 deseaba trabajar con Resander y a mediados del mes le llama Fernando Tibaduiza. “Me llama Fernando y me dice: ‘Jorge, necesitamos una persona que se haga cargo del trabajo periodístico del programa de radio de la Electrificadora de Santander, ¿estaría interesado en trabajar con Resander desde Bucaramanga? El sueño, lo que había pensado, sucedió”. A pesar de ser lo que quería, pidió tiempo para pensarlo porque su prioridad en ese momento era Guadalupe Stereo.

Después de consultar con su familia, amigos y el director de la emisora en la época, Pedro Figueroa Arguello, aceptó la oferta y trabajó en la unidad de comunicaciones de esta entidad, por medio de Resander. “La experiencia fue enriquecedora porque aparte de aprender del tema de comunicación -comenta Jorge-, indirectamente aprendí de temas gerenciales, de relaciones públicas y de presupuestos. Lo que me abrió mucho más la mente”. A pesar de estar en Bucaramanga, nunca se despegó de las tierras guadalupeñas y mucho menos de su amada emisora, ya que desde la distancia estuvo al pendiente y le dio inicio a las redes sociales de Guadalupe Stereo. A su vez, mientras ejercía sus labores en el programa, fue reportero para el noticiero radial Contacto Resander.

En octubre de 2014 finaliza su contrato con Resander, vuelve a sus oriundas tierras guadalupeñas y a comienzos de noviembre se incorpora como comunicador en el centro de control de la empresa en mención, una sala de crisis o de urgencia donde se puede observar las regulaciones de energía de todo el departamento. Allí conoció la parte técnica de la electrificadora y fue una experiencia muy grande porque aprendió mucho de sus compañeros ingenieros. Jorge recuerda que la primera vez que llegó era como si sus compañeros hablaran ruso o alemán, debido al uso de términos como relé, circuito, bahía, transformador, protección o sobre corrientes. Todos términos que terminó aprendiendo.

Desde 2016 Sor Gloria Arbeláez, exrectora de la Escuela Normal Superior María Auxiliadora y antigua conocida, le decía a Jorge que necesitaba a alguien como él en un colegio que estaba dirigiendo en Floridablanca. Fue así como en enero de 2017, volvió al mundo de la docencia durante tres años en el colegio Santa Isabel de Hungría. Allí inició como docente de Música y luego le entregaron las responsabilidades de Ética y Religión. Fue director de la banda marcial y estuvo al frente del grado 11-3 desde su llegada a la institución.

Gabriel Acevedo, quien fue de sus estudiantes más allegados en esta etapa, lo recuerda como un profesor íntegro. “Era un ejemplo de una calidad de persona y un ser humano integral. Una de sus cualidades era ser una persona colaborativa, siempre estaba ocupado, pero era muy responsable con todos los compromisos que tenía”. Su aventura en el Santa Isabel termina el 30 de noviembre de 2019, día de la graduación del grupo del que fue líder. Al día siguiente, se encontraba de nuevo en la emisora.

Desde su vuelta a Guadalupe en diciembre de 2019, Jorge ha estado comprometido con su labor en la emisora hasta hoy, la cual se ha convertido en la más escuchada por los guadalupeños, pero también se le presentó la oportunidad de dirigir la banda de marchas de la Escuela Normal Superior, la banda de marchas en la que inició, un motivo de orgullo para él debido a que el 8 de octubre de 2021 tuvieron su primera presentación pospandemia. Así mismo, de forma esporádica, realiza ‘barbachas’ con su hermano Elkin: cantar en eucaristías, serenatas e incluso cumpleaños. En este momento se está desempeñando en las tres ramas que le apasionan: música, comunicación y docencia.

En 2020, Guadalupe Stereo tuvo uno de sus más grandes retos, el cual fue la pandemia generada por el Covid-19. El equipo veía cómo otras emisoras comunitarias podrían cerrar y les preocupaba, pero decidieron reinventarse y pudieron sobreponerse a todas las adversidades de la mano de la comunidad. Así mismo, entre diciembre de 2020 y enero de 2021, dos rayos quemaron el router, la consola de sonido, el teléfono y la pantalla de la emisora; y en el templo las descargas eléctricas hicieron lo propio con consolas de sonido, plantas y equipo de transmisión. “Todo nuevo perfectamente hubiera salido por 20 millones de pesos, -cuenta Jorge- por lo que hay que ser recursivos y gracias a que la gente quiere a la emisora, ayuda a que este tipo de situaciones se puedan sobreponer”.

Actualmente, Guadalupe Stereo está conformada en la parte administrativa por su director, el párroco Isaías Silva Cárdenas, y la secretaria, doña Rubiela Angarita, quien también es secretaria de la parroquia. Operativamente solo se encuentran dos locutores: Jorge Galvis, quien desempeña labores de la parte comercial, eventos y redes sociales; y su compañero Sebastián Calderón, quien se encarga de la programación y la logística. También se apoyan en las juntas, ya que estos procesos comunitarios se ven representados en la Asociación de la Comunicación Comunitaria Guadalupe Stereo, nombre legal de la emisora, por lo que están presentes otras entidades entre la que se encuentran la cooperativa del municipio, sector de los docentes, sector de los comerciales, estudiantes, barrios y zonas rurales.

Hoy cuentan con un espacio que tiene alrededor de 14 metros de fondo y 4 metros de frente, un espacio cómodo para las labores de la emisora, según comenta Jorge. Las instalaciones evolucionaron de las operadas por Miguel Fontecha hace 26 años, ahora cuentan con un segundo piso, dividiendo la zona baja como la sala de emisión y la zona alta como la sala de grabación. Gracias a esto, cuentan con un cuarto exclusivo donde pueden guardar todos los equipos.

 

El día a día en Guadalupe Stereo

Guadalupe Stereo inicia programación a las 4:00 a.m. Jorge abre los martes, miércoles, jueves, viernes y sábados, mientras que Sebastián hace lo propio los lunes y domingos. El primer programa de la mañana está dirigido a las personas que madrugan y la gente del campo. Colonias de guadalupeños trabajadores empiezan a escuchar a primera hora la programación y a recibir información sobre lo que está sucediendo en el mundo, el país y la localidad. Se dan avisos, se mandan saludos a la gente y se hacen actividades que “ayuden a despertar a las personas a esa hora”, cuenta Jorge, entre risas.

A las 5:30 a.m. se da la transmisión de la eucaristía, a las 6:00 a.m., sigue un espacio musical, luego se dan los cumpleaños del día, a las 7:00 a.m. hay un espacio de música colombiana y a las 7:30,  de lunes a viernes, se da el Magazine Informativo, uno de los programas más esperados por la comunidad. “La gente de la comunidad le dice noticiero, pero es solo un magazín. A las personas les gusta saber qué es lo que está pasando y, ¿qué mejor que informar a la comunidad con el medio de la misma comunidad?”.

La programación sigue a las 8:00 a.m. con un espacio musical e informativo dirigido para toda la gente del campo que está haciendo su medio mañana, comiendo su ‘piquete’ mientras tienen su radio al lado. De 9:00 a.m. a 12:00 m. hay un momento de información ‘crossover’, luego se programa un espacio musical al que es seguido por un espacio religioso de reflexión a las 3:00 p.m. De 3:30 p.m. a 5:30 p.m. hay un espacio de música dirigido a los campesinos que llegan a su hogar después de una ardua jornada de trabajo y quieren escuchar música popular, vallenato clásico, tropical y carranguera, acompañada de un boletín informativo. A las 5:30 p.m. se da el Santo Rosario, de 6:00 p.m. a 7:00 p.m. hay un espacio de música denominado ‘El Ocaso’ y llegado el final de este programa, se da el fin de emisión. Dependiendo del día, hay oportunidades donde la emisora extiende su programación, como el 24 y 31 de diciembre, fechas especiales donde Guadalupe Stereo pasa de largo.

En su hogar, quien primero se levanta es el padre de Jorge entre las 3:00 a.m. y 3:15 a.m., y pasa directo a la cocina a preparar el café para todos. A las 3:30 a.m. Jorge es despertado por su padre, se alista y al salir se encuentra con un mug de tinto, cuidadosamente forrado con papel aluminio para evitar que enfríe o se riegue y un pan que le ha dejado su progenitor para que lo lleve a su trabajo. A pesar de los 15° centígrados, no usa chaquea y sale de su casa rumbo a su sitio de trabajo. Camina dos calles, llega a su destino, enciende los equipos y empieza a emitir. Mientras habla con la gente, programa música y da los avisos; en una pantalla que tiene disponible a su lado izquierdo va organizando y publicando los contenidos para las redes sociales. Publica el mensaje de buenos días, indicadores económicos, precio del café y pronóstico del clima. “Cuando el pronóstico es acertado, la gente me pregunta si soy un brujo por adivinar. Cuando el pronóstico no es acertado, la gente me recrimina por haber dicho que iba a ser un día soleado y llovió” Cuenta Jorge, riéndose. Para su cumpleaños número 31, su padre le regaló un termo donde cabía mucho más tinto, ya que para las 5:00 a.m. se quedaba sin ese apreciado líquido oscuro. Un gesto que Jorge calificó como hermoso y afirma que lo ayuda en su labor comunitaria.

Vocación

“El que no ama lo que hace es un eterno desocupado”, afirma Jorge. Guadalupe Stereo se ha convertido en el proyecto al que le ha dedicado alrededor de 15 años de su vida, desde sus épocas de voluntario en el colegio hasta ser uno de los locutores principales. Afirma que el mayor logro que ha tenido en la emisora es hacer que la gente los quiera, más allá de los hitos realizados como conocer el origen real de Guadalupe o haber sobrevivido a una pandemia, resalta el sentido de pertenencia de la comunidad con su emisora y viceversa. Cuando va por la calle las personas lo saludan, lo reconocen por su labor en la emisora y esto le llena de alegría al saber que lo que está haciendo tiene un impacto positivo en la comunidad.

Con cariño recuerda el Festival Navideño de 2011, organizado por la emisora. El 24 de diciembre de ese año, en horas de la tarde, se realizó un evento donde todos los barrios llevarían sus actividades culturales para compartirlas con la comunidad. En un momento determinado hicieron un concurso con los infantes, ganó una niña y al momento de entregarle el premio ella le alza los brazos y se le queda mirando. Nadie había tenido un gesto de ese tipo con Jorge, por lo que se agachó hacia la niña con el micrófono en mano y su compañero tomó una fotografía que plasmó ese momento. Para él, eso resume su labor y compromiso con Guadalupe Stereo.


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