Ubicado en la región de Yariguíes, junto al imponente río Magdalena, Puerto Wilches, Santander, enfrenta una crisis ambiental que amenaza la salud pública y el sustento de sus habitantes.A pesar de su ubicación privilegiada, la mala calidad del agua, la contaminación y los embates de inundaciones y sequías han transformado la vida en este municipio. Las calles pueden parecer limpias y el río tranquilo, pero la realidad es distinta: el agua es un riesgo, los ecosistemas se degradan y la comunidad clama por soluciones.
"Pésima" calidad del agua, un riesgo para la salud
"Es terrible, no es potable", asegura Isidoro Forero, residente de Puerto Wilches, quien afirma que en el pueblo el agua del grifo no es un recurso, sino un riesgo para la salud. El líquido que sale de la llave es turbio y tiene un color amarillento que se asienta en los baños, lavamanos, vajilla e incluso en las baldosas que se limpian con esa misma agua."Es como óxido", describe Roberto Ortiz, otro habitante del municipio, quien se ha visto obligado a hervir el agua, comprar filtros o adquirir botellones de agua potable para poder consumirla de forma segura. Sin embargo, la falta de agua potable es un problema que afecta más allá de la incomodidad, puede significar un riesgo para la salud de los Wilchenses."La ingerí una vez sin hervir y me dio diarrea", relata Forero. Pero hay más: algunos vinculan el agua contaminada con enfermedades graves como el cáncer. Comunicados de la Organización Mundial de la Salud (OMS) comprueban que químicos como el arsénico, que suelen estar presentes en las aguas sin tratamiento, son factores de riesgo para el padecimiento de cánceres. En Puerto Wilches, sin una planta de tratamiento, este temor alimenta la sensación de una crisis sanitaria silenciosa.
En la imagen Erasmo Cañas. Foto: María Fernanda Rey Londoño.
Contaminación: ecosistemas en peligro
Aunque la falta de agua potable es una situación grave en el municipio, no es la única problemática que enfrentan con este recurso. El río Magdalena y la ciénaga Yarirí, cunas de la pesca local y principales fuentes hídricas del municipio, también se encuentran en crisis. Los pescadores, que antes llenaban sus redes con bocachico, mojarra roja y plateada, ahora recogen basura arrojada por la propia comunidad.“Eso no es un secreto, la gente va y bota todo allá. Uno ve en la mañana a alguien pasar en moto y tirar basura al río”, denuncia Roberto Ortiz. Esta falta de conciencia ambiental agrava los factores de contaminación que enfrentan los wilchenses.
Otro de los factores que han contribuido al deterioro del Magdalena es el fracking y las obras petroleras que se hacen en Puerto Wilches."Sus químicos caen al río, a los humedales", denuncia Erasmo Cañas, ex pescador de 72 años, que ha sido testigo de la transformación de su pueblo.“En el 2021, hicimos plantones, cerramos carreteras protestando ‘¡No al fracking!’, porque nosotros no queremos petróleo, queremos agua porque donde no hay agua, no hay ser viviente”.
El río Magdalena no es el único cuerpo de agua que Erasmo ha visto deteriorarse. La ciénaga Yarirí, que durante años fue fundamental para la pesca en Puerto Wilches, ahora se encuentra en deterioro. Las aguas residuales sin tratar del municipio que son vertidas allí, han mermado su biodiversidad y actividad pesquera. La contaminación, combinada con sequías, ha reducido la profundidad de la ciénaga, dificultando la pesca y afectando el sustento de muchas familias.
En la imagen Wilmer Santos 'Don Wilcho'. Foto: María Fernanda Rey Londoño.
Extremos climáticos: de inundaciones a sequías
Puerto Wilches vive entre dos extremos climáticos. Durante las lluvias intensas, el río Magdalena se desborda e inunda barrios enteros. “En 2008, las lanchas navegaban por las calles”, recuerda Cañas. Sin embargo, estas crecientes no siempre son favorables: “Uno lo pierde todo, la casa, la fachada, todo se lo lleva el río”, afirma Wilmer Santos, conocido como ‘Don Wicho’. Además, cuando el nivel del río sube demasiado, los peces se dispersan y la pesca se vuelve casi imposible.
En el otro extremo, las sequías afectan gravemente al río Magdalena y a la ciénaga Yarirí. Aunque a comienzos de año suelen presentarse lluvias, en marzo de 2025 la situación fue distinta.“Pareciera que tuviéramos una sombrilla, llueve en todo lado menos acá”, dice Roberto Ortiz. Desde finales de 2024, la profundidad del río Magdalena ha disminuido drásticamente: de los habituales 9.58 metros en temporada de lluvias, bajó a solo 3.35 metros, según Rodrigo Vilardy Cañarete, inspector fluvial del Ministerio de Transporte. Esta reducción afecta la pesca: los peces migran a zonas más profundas y las chalupas tienen dificultades para navegar.
La ciénaga Yarirí también sufre por la falta de lluvias. Hace más de una década se construyó un muro para evitar desbordamientos en el barrio Díaz, pero hoy la ciénaga se ha retirado a más de 50 metros del muro. “Antes, el pescado de la ciénaga era el mejor por su sabor, pero este año está muy seca, casi acabada. Nunca la había visto así”, lamenta María Victoria Ortiz, residente del barrio Díaz.
En la imagen María Victoria Ortiz. Foto: María Fernanda Rey Londoño
La pesca: un sustento en declive
La crisis climática impacta directamente a los pescadores de Puerto Wilches. Con la escasez de peces, se ven obligados a venderlos a precios altos que muchos habitantes no están dispuestos a pagar.Miguel Rodríguez, comerciante de pescado, explica que tanto las crecientes como las sequías dificultan la pesca: “Si hay mucha agua, no hay pescado, y si baja mucho hay por poco tiempo”.
Erasmo Cañas recuerda que, años atrás, especies como el bagre y el bocachico eran tan abundantes que incluso se regalaban o exportaban a ciudades como Barranquilla. Hoy, esos mismos peces se venden entre $10.000 y $17.000.Julio Manrique, pescador, relata que en su infancia podía capturar hasta tres mil peces en una jornada; ahora apenas logra 20. “Es muy difícil así. Uno lo vende caro para alimentar a la familia, pero caro no lo compran”, lamenta Manrique.
Un futuro incierto: la necesidad de tomar consciencia
Para los habitantes de Puerto Wilches, el río Magdalena y la ciénaga Yarirí son mucho más que fuentes de agua: representan el sustento y la identidad de la comunidad.“Debe crecer, está en la naturaleza del río crecer y en la nuestra adaptarnos”, señala Miguel Rodríguez. Sin embargo, la aceptación del ciclo natural contrasta con la creciente preocupación por la contaminación causada por los propios habitantes.“Vivo en Puerto Wilches, pero me da hasta pena decirlo. Todos los problemas, y ahí nos ves a todos contaminando una y otra vez”, admite Erasmo Cañas, reflejando la frustración por el declive del entorno que alguna vez sostuvo a generaciones de pescadores.
La situación en Puerto Wilches va más allá del clima: la contaminación, la falta de infraestructura y los fenómenos extremos han deteriorado gravemente los recursos naturales y la calidad del agua. La comunidad ha exigido soluciones como una planta de tratamiento, un sistema de alcantarillado funcional, controles a la contaminación industrial y programas de educación ambiental para proteger el río y la ciénaga. Cómo menciona Roberto Ortiz, “Pese a todo, somos bendecidos por tener agua, pero si no se cuida, nos quedamos sin ella y sin agua no tenemos nada”.
En la imagen Miguel Rodríguez. Foto: María Fernanda Rey Londoño.




