Foto portada: Andrés Platarrueda
Este 12 de octubre, Andrés Platarrueda cumplió 100 años. Reconocido en Bucaramanga como el cronista visual de la ciudad, el maestro ha dedicado gran parte de su vida a registrar, a través de su lente, los orígenes, la evolución urbana y las costumbres de más de 30 municipios de Santander. Su trayectoria constituye un legado para la región que trasciende la fotografía y abarca también la pintura y la música.
Nacido en Suaita, Santander, Andrés Platarrueda manifestó desde muy joven una profunda vocación artística. Su deseo de perfeccionar sus habilidades lo llevó a Bogotá en la década de 1940, donde ingresó a la Escuela de Bellas Artes. Durante su estancia en la capital presenció uno de los episodios más violentos de la historia colombiana: el Bogotazo. Fue en ese contexto cuando adquirió una de sus primeras cámaras fotográficas, un instrumento que transformaría su manera de relacionarse con el arte y que, con el tiempo, se convertiría en una herramienta para documentar la memoria del país.
De regreso a Suaita, su creatividad lo impulsó a explorar otras formas de expresión. Incursionó en el mundo audiovisual con la creación del célebre Noticiero Suaitano, una producción realizada a partir de sus propios registros fílmicos del municipio. Finalizada en 1955, esta obra constituye un valioso testimonio cinematográfico que hoy reposa en el archivo de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano.
Foto: María Paula Castillo
Su faceta como inventor también dejó anécdotas memorables. Una de las más recordadas por su familia ocurrió en 1958, cuando, fascinado por la carrera espacial y el lanzamiento del Sputnik II, construyó en Suaita una réplica de seis metros de aquel cohete. Para ello utilizó varillas de madera y papel celofán, e incorporó linternas para iluminar la estructura. El artefacto fue suspendido de una cuerda tendida entre la torre de la iglesia y una vivienda ubicada en la parte alta del municipio, con la intención de hacerlo surcar el cielo del parque principal. Sin embargo, la hazaña terminó cuando la tensión hizo ceder la cuerda y el cohete chocó contra el cableado eléctrico. El incidente provocó un cortocircuito que dejó a oscuras a todo el pueblo.
Años después, el maestro Platarrueda se trasladó a Bucaramanga en busca de nuevos horizontes. Llegó con una cámara de alta precisión que despertó la admiración de los fotógrafos de la ciudad. Desde la década de 1960 emprendió una minuciosa labor de registro y archivo histórico que hoy permite reconstruir las transformaciones de la capital santandereana. Sus fotografías documentan escenarios como la apertura de la avenida Quebradaseca, cuando el sector era todavía un relleno sanitario, la construcción del viaducto Guillermo León Valencia y la actividad comercial de la carrera 15.
Cruzar la puerta de su residencia, en el barrio La Joya, es como entrar en un museo. En sus paredes se despliega una amplia colección de óleos, autorretratos y fotografías históricas que retratan paisajes emblemáticos de la región, como el cañón del Chicamocha y las torres del lago de Suaita. Cada obra revela una faceta de su sensibilidad artística y de su interés por preservar aquello que el paso del tiempo podría borrar.
Foto: María Paula Castillo
Sentarse a conversar con el maestro, mientras comparten un jugo de lulo y unas tostadas, se convierte en un ejercicio de memoria y nostalgia. Al recordar su centenaria trayectoria, sus ojos brillan y una gran sonrisa acompaña los relatos de una vida en la que ha sido carpintero, cineasta, fotógrafo, pintor y violinista. Su concepción del arte también refleja una profunda valoración de lo colectivo. Así lo expresa en sus propias palabras: “Mire, mi mano no tiene nada. Lo que yo hago es general, para todos nosotros. Yo sin los demás no valgo. Uno solo tampoco sirve para nada”.
La llegada del maestro a los 100 años fue conmemorada en las calles del barrio La Joya, en la comuna 5 de Bucaramanga. Para celebrar su trayectoria, su familia organizó una muestra abierta al público con una selección de sus 100 mejores obras. Entre las imágenes expuestas figuraban el antiguo Palacio Municipal, el parque Santander y el viaducto García Cadena, así como registros de municipios como Girón y Málaga. Estas fotografías, tomadas entre 1976 y 1981, documentan el pulso de la región durante aquellos años y permiten a las nuevas generaciones reconocer las transformaciones de sus calles, sus espacios y sus costumbres.
A sus 100 años, Andrés Platarrueda sigue siendo un testigo de la historia santandereana. Su archivo no solo conserva imágenes del pasado: también mantiene abierta la posibilidad de comprender cómo se ha transformado el territorio y cómo vivieron quienes lo habitaron. En cada fotografía permanece una parte de la memoria colectiva que el maestro ha dedicado su vida a preservar.
Foto: Claudia Patricia Platarrueda Vanegas




