En el nororiente de Colombia, donde las montañas guardaron durante décadas más silencios que mapas, las aves siguieron volando lejos de la mirada científica. Entre cañones secos, páramos cubiertos de niebla y selvas atravesadas por la incertidumbre, especies enteras permanecieron sin registro, otras parecían haberse desvanecido con el tiempo, allí, donde el conflicto llegó antes que la investigación, dos biólogos —Luis Alberto Peña y Fernando Cediel— decidieron seguir sus huellas en el aire, el rastro del vuelo. Cada canto identificado, cada pluma encontrada, cada silueta capturada entre la niebla empezó a revelar algo más profundo que una lista de especies: mostró que incluso en los territorios más golpeados, la vida nunca dejó de abrirse paso.

El rastro del vuelo
- Periodista: Johan Jair Diaz Bautista
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- Edición: Andrés Velásquez
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