Fotos portada: @jaydenadams_23 y @sundownsfc
Mientras sus compañeros saltaban unos sobre otros en el campo de Guadalajara, celebrando el gol que metía a Sudáfrica en octavos de final de un Mundial por primera vez en su historia, Jayden Oswin Adams permanecía sentado en el banquillo, con la camiseta número 23 puesta y la mirada perdida. Las cámaras apenas lo enfocaron un segundo, de fondo, entre el bullicio. Nadie reparó demasiado en ello. Días antes había perdido a su abuela Marianna, y aunque el fútbol y el tiempo no esperan a nadie, Adams seguía detenido en esa despedida.
Adams nació en Ciudad del Cabo el 5 de mayo de 2001 y se formó en la cantera del Stellenbosch FC, club del que llegó a ser el primer jugador de academia en firmar un contrato profesional en agosto de 2020. Con esa camiseta disputó más de un centenar de partidos y ganó su primer título, la Copa de la Liga sudafricana. En 2022 debutó con la selección absoluta y, en enero de 2025, dio el salto al Mamelodi Sundowns, el grande de Pretoria, donde se consolidó como pieza fija del mediocampo con el número 8 a la espalda. Con los Sundowns levantó la liga local y, ya en el verano de 2026, la Liga de Campeones de la CAF: su primer título internacional como club.
Ese recorrido de promesa de barrio a internacional absoluto fue el que lo llevó a la convocatoria de Bafana Bafana para el Mundial 2026.
El camino en el mundial
Sudáfrica debutó cayendo 2-0 ante México en el Estadio Ciudad de México, con Adams de titular. Cuatro días después llegaría el partido que él nunca podría contar sin sentir una presión en su pecho: en la previa del duelo contra República Checa en Atlanta, murió su abuela Marianna a los 72 años. Adams decidió jugar igual. Fue titular, aguantó hasta el descanso y salió sustituido con el empate 1-1 ya en el marcador. Nadie en la organización hizo ruido con la noticia; el propio jugador prefirió no convertirla en excusa.
Días más tarde llegó la recompensa deportiva para Adams, aunque eso para él parecía ya no significar nada. Sudáfrica venció 1-0 a Corea del Sur en Guadalajara, resultado que certificó por primera vez en cuatro participaciones mundialistas el pase de los Bafana Bafana a la fase eliminatoria. Adams entró desde el banquillo en esa victoria histórica; fue también la noche en que las cámaras lo captaron ajeno a la fiesta de sus compañeros. En total disputó 116 minutos repartidos en tres encuentros de un Mundial que su selección cerraría en dieciseisavos de final, eliminada 1-0 por Canadá, coanfitriona del torneo. Adams no jugó ese último partido.
Dos semanas después de la eliminación, el cuerpo de Adams fue hallado en una vivienda de Schotsche Kloof, un barrio del centro de Ciudad del Cabo. Tenía 25 años, estaba casado y era padre de una niña. La policía sudafricana abrió una investigación y, en los días siguientes, ni la familia ni las autoridades confirmaron una causa oficial de la muerte; el ministro de Deportes del país, Gayton McKenzie, pidió a la prensa evitar especulaciones mientras avanzaban los análisis.
El sindicato de futbolistas sudafricanos despidió a Adams como a alguien a quien la muerte le arrebató un futuro que apenas empezaba a escribirse. McKenzie, por su parte, resumió lo que significaba: todo un país lo había visto crecer, desde canterano prometedor hasta internacional absoluto. La FIFA, a través de su presidente Gianni Infantino, envió sus condolencias, y antes de un cuarto de final del propio Mundial se guardó un minuto de silencio en su memoria.
No era la primera pérdida cercana para Adams: en 2023 ya había enterrado a su mejor amigo, el también futbolista Oshwin Andries, fallecido a los 20 años.
Foto de Jayden Adams publicada en sus redes honor a Oshwin Andries.
Queda la paradoja de un futbolista que, en las semanas más duras de su vida personal, ayudó a su país a escribir la página más alta de su historia mundialista. Sudáfrica celebró en las calles el pase a octavos; Adams, en cambio, cargó ese logro con el peso de una despedida que aún no había podido llorar del todo. Cuando por fin pudo hacerlo, ya en casa, lejos de los estadios y de las cámaras, el país entero volvió a mirarlo. Esta vez para despedirlo a él.




